Glori Ibarra — Anagrama
La desarrolló una especialista en compensaciones. No programó. Tampoco pasó meses "levantando requerimientos" para que después un equipo de TI le explicara lo que ella misma había pedido.
Definió las reglas que el sistema debía respetar. El punto de partida fue muy concreto: convertir la metodología Hay —el sistema que muchas empresas grandes usan para poner en una misma escala qué tan complejo, qué tan determinante y qué tan bien pagado debe estar cada puesto—, sus factores y sus matrices, en un motor de evaluación de puestos. Hasta ahora, buena parte de ese conocimiento vivía donde suele vivir el conocimiento crítico de muchas empresas: en archivos de Excel, fórmulas que pocos entienden y personas a las que nadie puede reemplazar durante sus vacaciones.
La especialista probó puestos conocidos, revisó resultados y rechazó cada cálculo que no correspondía con la lógica de compensaciones. No fue la "usuaria clave" invitada a validar una pantalla cuando todo estaba decidido. Trabajó directamente con el sistema y estableció qué resultado era correcto y cuál no.
Los agentes de inteligencia artificial escribieron el código. La gerente de compensaciones documentó fórmulas, restricciones, casos de referencia y pruebas. La aplicación no se aprobaba porque abriera, guardara datos o tuviera botones bonitos. El reto era llegar a un resultado determinístico coherente con los criterios profesionales y el conocimiento especializado de la gerente.
En muchos proyectos, el sistema se considera terminado cuando funciona técnicamente. Si después entrega resultados absurdos, empieza la conocida ceremonia: TI culpa a los requerimientos y el negocio descubre que ser "superusuario" significaba asumir la responsabilidad sin haber tenido verdadera autoridad.
Esta herramienta tiene hoy un alcance interno. No pretende reemplazar el juicio profesional ni convertirse mañana en una plataforma para miles de empresas. Puedes verla funcionando en evaluacionpuestos.anagrama.mx.
Pero su base ya permite algo importante: las reglas dejaron de depender de un Excel y de la interpretación de una sola persona. El cálculo puede revisarse, repetirse y versionarse. Desde ahí sí puede escalarse a cientos o miles de puestos sin volver a inventar la metodología — y sin depender de excels que solo una persona conoce.
La inteligencia artificial no elimina a los especialistas. Lo que empieza a eliminar es la excusa para mantenerlos lejos de la construcción del software y llamarlos "usuarios" de sistemas que dependen y están determinados por ese conocimiento que vive en la cabeza de posiciones clave — en este caso, la gerencia de compensaciones.
Cuando el conocimiento de una posición clave vive en un sistema como este, el inventario de activos intangibles de una empresa crece de verdad — con evidencia tangible, no solo con la esperanza de que esa persona nunca se vaya.
Empieza con un diagnóstico, no con una cotización. Escríbeme y cuéntame qué proceso de tu empresa depende hoy de una sola persona.
glori.ibarra@anagrama.mx