Glori Ibarra — Anagrama
Un director que evalúa un proyecto de inteligencia artificial suele recibir la misma promesa: va a ahorrar tiempo, va a reducir errores, va a pagarse solo. El problema aparece después, cuando intenta comprobarlo — porque para saber si algo produjo valor hace falta un número de antes con el que comparar, y ese número casi nunca existe.
La mayoría de las operaciones no llevan un número propio de lo que hoy les cuesta el problema que quieren resolver. Saben que "la nómina tarda mucho" o que "algo se está perdiendo", pero no en pesos ni en horas concretas. Sin ese punto de partida, cualquier cifra de ahorro que ofrezca un proveedor queda flotando — suena bien, pero no hay forma de confirmar si aplica a esta operación en particular o si es solo un promedio genérico de industria.
En operaciones agrícolas hemos visto el mismo problema traducirse en tres tipos de número, cada uno medible antes de aprobar cualquier proyecto:
En Anagrama el diagnóstico inicial consiste en levantar el número real de la operación en al menos una de esas tres categorías, antes de proponer nada. Esa cifra se vuelve la vara con la que se mide el resultado después — no "¿te gustó el sistema?", sino "¿el número que medimos al principio bajó, y por cuánto?". El proyecto se aprueba contra esa comparación, no contra una promesa genérica de ahorro.
Antes de creer cuánto promete ahorrar un proveedor, pregunta quién midió cuánto cuesta hoy el problema.
Empieza con un diagnóstico, no con una cotización. Escríbeme y cuéntame qué proceso de tu empresa depende hoy de una sola persona.
glori.ibarra@anagrama.mx